03_2013 04_2013 05_2013

Qué pasa en Bolivia?

Política y Economía

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Quienes nos recordaron la existencia de Bolivia fueron: Evo Morales, la FIFA y, últimamente, las inundaciones.
Bolivia se caracteriza por los contrastes: por acá, es un país con un porcentaje significativo
de su población -de 10 millones de habitantes- en condiciones de extrema pobreza (unos 4 millones),
no obstante contar con yacimientos minerales, petróleo y gas natural; y, por allá, es un país con cuatro
idiomas oficiales (español, quechua, aimara, guaraní) por lo que se dificulta el proceso de surgimiento
y unificación de los movimientos sociales, no obstante la inmensa mayoría de sus hablantes tiene un objetivo comùn: salir de la miseria

 

El primer contraste tiene una causa que forma parte de la tendencia económica de América Latina: una injusta
distribución de la riqueza. Sin embargo, Bolivia empieza a cambiar (quiere hacerlo; ¿la dejarán
hacerlo?) después de las elecciones de 2005 y 2006, y según su presidente (Evo Morales) “nunca más será la
misma”, debido a un fuera de serie político: esas elecciones cuestionaron hasta la médula el perfil colonial de
dominación vigente que está subsumido a un Estado y economía capitalistas.La larga historia de Bolivia (más atrás
del siglo XX) nos enseña que su sociedad ha ensayado –con poco o ningún éxito- varias formas de resistirse
a la dominación a la que ha sido sometida, pero, la posibilidad de una resistencia con horizonte, de una
resistencia con redención cuaresmal, llega hasta en 2005 cuando un indígena,un heredero biográfico de los
necios vestigios coloniales (un símbolo histórico de una opresión, explotación y marginación, igualmente históricas)
asume sin falso protocolo la presidencia de la República, lo cual se constituyó en un acontecimiento tan
extraordinario como prometedor.

Ese acontecimiento singular (un verdadero insulto a las rancias aristocracias
capitalistas) más que cualquier experiencia previa, desanudó una densa crisis de conflictos sociales
(tanto objetivos como subjetivos) en el sentido que los sujetos protagónicos del capitalismo no pretenden, ni
han pretendido jamás –a pesar de la promoción de la democracia electoral como la panacea comercial de la
modernidad- soportar el postulado clásico de la alternancia en el poder,que se supone es el mejor síntoma de
la madurez política.


El sistema de poder tal como está –una especie de espíritu colonial con cuerpo capitalista-; tal como había
resistido hasta ese año, comprendió que el resultado era una amenaza real a sus centenarios privilegios, por lo
que –secuestrando banderas y métodos de lucha propios de la izquierdaideó protestas, pidiendo diálogo;
desobediencia civil, gritando democracia; declaratorias de autonomía departamental, raptando la participación
y los espacios de actuación.


De ese modo, la clase dominante boliviana raptó tanto el discurso como los procesos de la democracia para defender
sus intereses: las viejas prácticas de acumulación de capital que añoran el colonialismo y el racismo sostenidos
en una cultura política de súbdito,usando para ello a las Prefecturas (gobernaciones).


Pero, la bandera de “la defensa feroz” de la democracia boliviana desde algunas Prefecturas (cuyos depositarios
se hacen llamar “prefectos insurgentes”) de los departamentos de la llamada “media luna” (que quiere
alzarse como defensora de la democracia, la paz y la no violencia, pese a que su pasado está ligado a militares
golpistas) es una emboscada que el gobierno de Morales quiere evitar: “la democracia –dice- es el gobierno de
las mayorías que las minorías (que son respetadas) respetan; ellos (los prefectos) son minorías y tienen que
aceptar las decisiones mayoritarias.


Pero, no lo hacen, e insisten en asumir la posición de víctimas”.
En resumen, la propuesta del gobierno boliviano consiste en construir una sociedad igualitaria, sin jerarquías
dadas por motivos de raza, origen social, cultura, género y, por supuesto,posición económica, lo cual es una
ruptura real con el ayer, en tanto implica trastocar –desde el Estado, lo cual ha sido inusual- un orden social
de más de quinientos años que ha sido repudiado en distintos decibeles:recordemos las rebeliones de Tupac
Katari (siglo XVIII); los poco teorizados movimientos sociales de mineros,campesinos e indígenas (siglo XX) y
la llamada “ronda de rebeliones” que inició con la Guerra del Agua (año 2000).


Existe, en el marco de los conflictos que hacen de Bolivia un laberinto de la jerigonza, una propuesta mayoritaria
impulsada en la Asamblea Constituyente, y cuyo objetivo es la ruptura del “orden capitalista-colonial”
a partir de construir –usando las palabras de la propuesta- un Estado plurinacional, unitario (guardando la
identidad territorial) y comunitario, como mecanismo político para expresar y respetar la diversidad y pluralidad
cultural.


Este nuevo Estado –a diferencia del anterior- estará comprometido con la inclusión socioeconómica y la pluralidad
territorial y cultural, articulando las regiones modernizadas (occidentalizadas) con las singularidades de las
extensas y remotas regiones comunales que aún conservan una cosmovisión atada a la tierra.


En otras palabras -no obstante los detractores del gobierno boliviano afirman lo contrario (sobre todo frente
a la nacionalización de los recursos naturales en función mejorar la distribución de la riqueza)- su propuesta de
Estado se basa en el respeto de esos mundos dados en la Bolivia “mestiza”.


En términos antropológicos, las mayorías bolivianas quieren demostrar que es posible (porque otra
América Latina es posible) edificar una nación incluyente partiendorespetando cosmovisiones, intereses y
culturas diferentes; que las opciones de desarrollo son mayores cuando la pluralidad se mantiene respetando la
singularidad, lo cual debería ser un interés nacional.


Pero, esa visión, paradójicamente, no es compartida por las minorías, las que no están representadas en las
gobernaciones de “la media luna” (como región), sino en sus autoridades y en parte de la población mestiza,
a la que le resulta imposible olvidar la ruina colonial del falso clasismo expresada en la existencia del
“otro súbdito”: el indio, el campesino, el minero, la mujer, el más pobre que ellos...


Es comprensible, pues, que estos sectores se sientan ofendidos porque el gobierno está en manos de “un indio”,
aunque “ese indio” luche por sus intereses. Bolivia le plantea un nuevo reto a América Latina que quiere
coser sus venas: luchar contra la colonialidad del poder que ha sido usada por el capitalismo –como careta- para
impedir el surgimiento de revoluciones.

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