Écrit par Réne Martínez Pineda 19/03/08
Política y Economía
Quienes nos recordaron la existencia de Bolivia fueron: Evo Morales, la FIFA y, últimamente, las inundaciones.Bolivia se caracteriza por los contrastes: por acá, es un país con un porcentaje significativode su población -de 10 millones de habitantes- en condiciones de extrema pobreza (unos 4 millones),no obstante contar con yacimientos minerales, petróleo y gas natural; y, por allá, es un país con cuatroidiomas oficiales (español, quechua, aimara, guaraní) por lo que se dificulta el proceso de surgimientoy unificación de los movimientos sociales, no obstante la inmensa mayoría de sus hablantes tiene un objetivo comùn: salir de la miseria
El primer contraste tiene una causa que forma parte de la tendencia económica de América Latina: una injustadistribución de la riqueza. Sin embargo, Bolivia empieza a cambiar (quiere hacerlo; ¿la dejaránhacerlo?) después de las elecciones de 2005 y 2006, y según su presidente (Evo Morales) “nunca más será lamisma”, debido a un fuera de serie político: esas elecciones cuestionaron hasta la médula el perfil colonial dedominación vigente que está subsumido a un Estado y economía capitalistas.La larga historia de Bolivia (más atrásdel siglo XX) nos enseña que su sociedad ha ensayado –con poco o ningún éxito- varias formas de resistirsea la dominación a la que ha sido sometida, pero, la posibilidad de una resistencia con horizonte, de unaresistencia con redención cuaresmal, llega hasta en 2005 cuando un indígena,un heredero biográfico de losnecios vestigios coloniales (un símbolo histórico de una opresión, explotación y marginación, igualmente históricas)asume sin falso protocolo la presidencia de la República, lo cual se constituyó en un acontecimiento tanextraordinario como prometedor.
Ese acontecimiento singular (un verdadero insulto a las rancias aristocraciascapitalistas) más que cualquier experiencia previa, desanudó una densa crisis de conflictos sociales(tanto objetivos como subjetivos) en el sentido que los sujetos protagónicos del capitalismo no pretenden, nihan pretendido jamás –a pesar de la promoción de la democracia electoral como la panacea comercial de lamodernidad- soportar el postulado clásico de la alternancia en el poder,que se supone es el mejor síntoma dela madurez política.
El sistema de poder tal como está –una especie de espíritu colonial con cuerpo capitalista-; tal como habíaresistido hasta ese año, comprendió que el resultado era una amenaza real a sus centenarios privilegios, por loque –secuestrando banderas y métodos de lucha propios de la izquierdaideó protestas, pidiendo diálogo;desobediencia civil, gritando democracia; declaratorias de autonomía departamental, raptando la participacióny los espacios de actuación.
De ese modo, la clase dominante boliviana raptó tanto el discurso como los procesos de la democracia para defendersus intereses: las viejas prácticas de acumulación de capital que añoran el colonialismo y el racismo sostenidosen una cultura política de súbdito,usando para ello a las Prefecturas (gobernaciones).
Pero, la bandera de “la defensa feroz” de la democracia boliviana desde algunas Prefecturas (cuyos depositariosse hacen llamar “prefectos insurgentes”) de los departamentos de la llamada “media luna” (que quierealzarse como defensora de la democracia, la paz y la no violencia, pese a que su pasado está ligado a militaresgolpistas) es una emboscada que el gobierno de Morales quiere evitar: “la democracia –dice- es el gobierno delas mayorías que las minorías (que son respetadas) respetan; ellos (los prefectos) son minorías y tienen queaceptar las decisiones mayoritarias.
Pero, no lo hacen, e insisten en asumir la posición de víctimas”.En resumen, la propuesta del gobierno boliviano consiste en construir una sociedad igualitaria, sin jerarquíasdadas por motivos de raza, origen social, cultura, género y, por supuesto,posición económica, lo cual es unaruptura real con el ayer, en tanto implica trastocar –desde el Estado, lo cual ha sido inusual- un orden socialde más de quinientos años que ha sido repudiado en distintos decibeles:recordemos las rebeliones de TupacKatari (siglo XVIII); los poco teorizados movimientos sociales de mineros,campesinos e indígenas (siglo XX) yla llamada “ronda de rebeliones” que inició con la Guerra del Agua (año 2000).
Existe, en el marco de los conflictos que hacen de Bolivia un laberinto de la jerigonza, una propuesta mayoritariaimpulsada en la Asamblea Constituyente, y cuyo objetivo es la ruptura del “orden capitalista-colonial”a partir de construir –usando las palabras de la propuesta- un Estado plurinacional, unitario (guardando laidentidad territorial) y comunitario, como mecanismo político para expresar y respetar la diversidad y pluralidadcultural.
Este nuevo Estado –a diferencia del anterior- estará comprometido con la inclusión socioeconómica y la pluralidadterritorial y cultural, articulando las regiones modernizadas (occidentalizadas) con las singularidades de lasextensas y remotas regiones comunales que aún conservan una cosmovisión atada a la tierra.
En otras palabras -no obstante los detractores del gobierno boliviano afirman lo contrario (sobre todo frentea la nacionalización de los recursos naturales en función mejorar la distribución de la riqueza)- su propuesta deEstado se basa en el respeto de esos mundos dados en la Bolivia “mestiza”.
En términos antropológicos, las mayorías bolivianas quieren demostrar que es posible (porque otraAmérica Latina es posible) edificar una nación incluyente partiendorespetando cosmovisiones, intereses yculturas diferentes; que las opciones de desarrollo son mayores cuando la pluralidad se mantiene respetando lasingularidad, lo cual debería ser un interés nacional.
Pero, esa visión, paradójicamente, no es compartida por las minorías, las que no están representadas en lasgobernaciones de “la media luna” (como región), sino en sus autoridades y en parte de la población mestiza,a la que le resulta imposible olvidar la ruina colonial del falso clasismo expresada en la existencia del“otro súbdito”: el indio, el campesino, el minero, la mujer, el más pobre que ellos...
Es comprensible, pues, que estos sectores se sientan ofendidos porque el gobierno está en manos de “un indio”,aunque “ese indio” luche por sus intereses. Bolivia le plantea un nuevo reto a América Latina que quierecoser sus venas: luchar contra la colonialidad del poder que ha sido usada por el capitalismo –como careta- paraimpedir el surgimiento de revoluciones.
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