Écrit par Administrator 01/03/11
Cultura y Entretenimiento
Música y civilización en Santo DomingoMuchos pueblos del Caribe tienen por plato culinario insignia, o por lo menos entre sus principales ofertas, el caldo en diversos tipos de composiciones. Como el Ajiaco o la Caldosa en Cuba, el Sancocho en República Dominicana es una cita culinaria fundamental en el patrimonio gastronómico dominicano. Sopa hecha de viandas hervidas y de carnes diversas, acompañada con arroz y aguacate, el Sancocho se conoce hoy más por sus funciones sociales de celebración de ocasiones especiales que por sus propiedades netamente alimenticias. Pero esto no nos puede hace olvidar lo que la antropología hace tiempo ha documentado sobre la tendencia de las sociedades pobres de hacerse de los caldos como dieta de sobrevivencia, que por un lado permite estirar (agregando agua) la cantidad de porciones del plato, y por otro posee la facultad de reunir ingredientes que se transforman en variantes complementarias gustativas, en lugar de ser pleonasmos culinarios cuando se comen fuera del caldo. Lo mismo pasa con la música. El sentido común, en su ingenuidad y en su conocimiento convencional, le atribuye a la música popular la expresión de la riqueza del “carácter” festivo de la cultura dominicana, sin preguntarse, como hizo Pascal, qué nos pueden decir las actividades de diversión de un pueblo sobre la realidad de sus mujeres y hombres. No existen dudas del lugar hegemónico que ocupa la música popular en el diario vivir del pueblo dominicano. Basta con montarse en una unidad del transporte público en cualquier ciudad dominicana, para escuchar al pueblo dominicano oír, cantar y bailar los ritmos y líricas que reflejan sus realidades. Mientras otros pueblos tienen cafés y terrazas para la socialización de sus habitantes, es difícil encontrar algún lugar de socialización en República Dominicana, como los conocidos Colmados (establecimientos pequeños de expendio de abastecimiento alimenticios y de consumo de bebidas alcohólicas), donde la música popular bailable no este presente.La República Dominicana es reconocida por ser la cuna del Merengue, música hecha en sus formas tradicionales de güiro, tambora y acordeón, pero que al transcurrir de los últimos 50 años ha sufrido considerables transformaciones, tanto en sus instrumentalización como en la estructura de sus compases pasando por sus formas de bailes. Estos cambios no provienen de situaciones al margen de la realidad social, al contrario es la realidad social la que motoriza y proyecta en la música los cambios que en ella se producen. Así al típico merengue que pasó de contar historias rurales a narrar las historias de los barrios populares urbanos, tuvo su época de oro en la década de los 80, produciéndose posteriormente un declive en beneficio de otros ritmos que fueron siendo asumidos con igual intensidad por los dominicanos. Entre estos nuevos estilos y géneros musicales, la Bachata ocupa el primer lugar en concurrencia al hegemónico Merengue. Muy similar a la ranchera mexicana, la bachata es una versión dominicana de la canción popular que expresa el desarraigo, la pena, la desesperanza cantada a través de diversas representaciones de la vida diaria de las dominicanas y dominicanos, fundamentalmente a través de la figura del desamor. Consumida primordialmente por los dominicanos que han emigrado recientemente del campo a la ciudad, la bachata refleja la vida de los dominicanos envueltos en procesos intensos y casi determinados de reproducción social de sus condiciones precarias de vida. Por otro lado, la juventud urbana ha encontrado en ritmos inspirados como el reggaeton y el merengue de calle, la expresión musical de sus realidades existenciales y sus proyecciones de vida futura. Con una fuerte carga de temáticas sexuales y apologías de acciones al margen de la ley (o delictivas), estos géneros expresan a través de estos tópicos las realidades aún al alcance de la juventud de orígenes socioeconómicos humildes y que les permite una vía posible para poder salir del anonimato y desamparo social y así conquistar sus dignidades como individuos.Es así como la música popular dominicana funge como un espejo en el que se refleja el estadio de civilización de la sociedad dominicana en un momento particular de su historia, tanto en sus eminencias humanas como en sus primitivismos. Por Juan Miguel Pérez( Cette adresse email est protégée contre les robots des spammeurs, vous devez activer Javascript pour la voir. )Especial Para la Embajada de República Dominicana en Francia
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