05_2010 06_2010 07_2010

Arte Latinoamericano en París

Cultura y Entretenimiento

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La capital cultural del mundo se nutre principalmente de la creatividad . Un gran porcentaje de la actividad artística en la capital francesa cuenta indefectiblemente con espectáculos importados o de producción local, ligados a la cultura artística de nuestro continente.


Es especialmente el arte popular y contemporáneo el que encuentra eco en el gusto francés. La música, la danza, la pintura , han merecido reconocimiento del público formal , inclusive del que asiste tradicionalmente a los grandes teatros. Ni se diga del espectáculo en centros nocturnos , boats de diversión , restaurantes pequeños y grandes. En todos, hay siempre un guitarrero entonando, ya sea un pasillo ecuatoriano, o un tango o un valse peruano.
Los grupos de danza tradicional tienen siempre un lugar algo privilegiado por la naturaleza vistosa de sus presentaciones .
Las compañías de teatro, de ballet, las óperas, concitan enorme interés por la originalidad y brillantez de sus puestas en escena. Los temas siempre pintorescos de sus concepciones contemporáneas llenan las salas y teatros donde se exhiben.
La producción literaria constituye capítulo aparte, ya que se encuentra ligada a las oportunidades que brinden las editoriales francesas, asunto éste que tendremos que tratar en una posterior entrega a nuestros interesados lectores.


EXCELENTE CALIDAD
Sin duda, los productos artísticos que consumen en forma mayoritaria los franceses, y en especial los parisinos son los que se refieren a la música, disciplina que va desde lo popular a los conciertos de cámara. Desde los espacios informales en las vías públicas, comprendido por supuesto la que se hace en el metro, hasta la que se presenta en las salas consagradas, con un gran despliegue publicitario.

En los dos casos, la asistencia es masiva debido a la excelente calidad interpretativa de los integrantes ; tanto es así que cada gènero a su tiempo, ha producido verdaderos «boom », como lo fueran en la década pasada las piezas de música de los Andes americanos, y en la actualidad, los ritmos afroantillanos como la salsa, el merengue,el vallenato, la cumbia, y dentro de las de salón, el tango argentino.


Y es que en París, a decir de los entendidos, se puede como en un gran mosaico, encontrar para todos los gustos y exigencias, no en vano se la llama la capital mundial de la cultura, y la música es de sus más elocuentes y bellas expresiones. Hoy por hoy, existen en la capital más de una veintena de «  escuelas » de salsa, que si bien conectan al ritmo con el baile, los melómanos asisten a ellas igualmente, por el placer de escuchar.


Los pintores tienen su itinerario obligado por París. Ya sea alrededor del Centro Pompidou,o Les Halles, a orillas del río Sena, o Chatelet, o en las innúmerables galerías que los acogen,( por supuesto previos y exigentes contactos). Allí se les vé, no importe el clima ni el control de la policía que realiza rondas con cierta tolerancia. Son la mayoría jóvenes, ya egresados de escuelas de arte , ya autodidactas, ya consagrados. Todos con la esperanza de vender sus trabajos que van desde los retratos en vivo, hasta la comercialización de sus obras mayores de todo formato, que dicho sea de paso, encuentran gran aceptación entre parisinos y turistas de todas las nacionalidades.


No se puede soslayar claro está el arte que a nivel oficial promueven los mismos autores, aquellos que disponen de medios, o sus embajadas. Este, en última instancia cumpliría los mismos objetivos que los anteriores, nada más puntualizando que los primeros poseen una gran convocatoria. No tocaremos, exprofeso aquello de los « auspicios » por considerarlo asunto de otra índole, más cerca de las políticas culturales de cada país. Lo cierto es que unos y otros contribuyen a consolidar la presencia cultural latinoamericana en el concierto del arte universal que esta ciudad , que este país desplaza como uno de sus más altos puntales de confraternidad y humanismo.


Esta suerte de desplazamiento de la cultura artística de nuestro continente hacia el viejo mundo, lejos de despersonalizarla, la revaloriza aún más en virtud de que se inserta directamente en las sociedades de espectadores extranjeros, sustancializando la presencia del arte latinoamericano en el universal, fungiendo inclusive como autènticos embajadores culturales de sus respectivos países, promoviendo a ultranza el turismo.

 

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