Écrit par Jose Loo 25/06/02
Locales
La década de los 90 ha marcado el auge de la ola migratoria peruana al exterior. El motivo principal la falta de trabajo, segun la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el año 2000 en el Perú solo un 10 % de la población se encontraba empleada, un 53 % subempleados Se calcula en mas de dos millones el numero de peruanos en el extranjero. El destino ideal Estados Unidos, seguido por paises europeos como España, Italia, Francia y los paises vecinos como Chile y Argentina.
Cada peruano que parte va en busca de un sueño, conseguir un trabajo, no importa que tenga un diploma universitario, o sea un profesional con experiencia, en un 90% van a realizar trabajos inferiores a sus capacidades, pero mejor pagados. La esperanza de muchos peruanos es partir al extranjero y su meta es conseguir un empleo, mandar plata para la familia, educar a los hijos, construir una casa, es decir asegurar el futuro que en el Perú siempre es incierto.
Francia es el tercer país europeo, en importancia numérica , elegido por los peruanos. La comunidad latina se encuentra en cuarta posición, antes se encuentra la magrebi (de Tunicia, Argelia, Marruecos, Libia y Mauritania), luego vienen el resto de paises africanos; tras ellos, los asiáticos, encabezados por los Vietnamitas, Tailandeses y Chinos; y de allí venimos los latinos, con Colombianos a la cabeza, seguidos por los peruanos y recientemente con el boom de la diáspora, los ecuatorianos . Es así que nosotros ocupamos el segundo lugar.
En cifras porcentuales la comunidad latina representa apenas un 0.8 % de los mas de 60 millones de la población Francesa. Puesto que con el cierre de las fronteras a la inmigración , por el tratado Schengen , cada vez hay mas trabas para que un extranjero se instale en la Comunidad Europea. Si en el 95 habían sólo 1739 peruanos inscritos en el consulado, para el 2000 habían ya 7988. A estas cifras oficiales hay que aumentar un grueso numero indeterminado de compatriotas, se estima un 30% adicional, que no han registrado su ingreso porque en la mayoría de los casos se encuentran en situación irregular, es decir han pasado su límite de estadía en Francia , porque han venido con visa de turista, o han ingresado ilegalmente y ya se encuentran laborando «a lo negro», es decir son «los ilegales». Analizando a nivel económico vale la pena el esfuerzo porque el salario mínimo o SMIC es de 6500 francos, es decir unos 900 dólares ( 7.4 francos por dolar) por una jornada de 35 horas a la semana.
Nuestro actual embajador en Francia, Dr. Javier Perez de Cuellar cuenta que el empezó su carrera diplomática justamente en este país, hace 50 años. Con una distinguidísima trayectoria, protagonista de la política mundial por sus cargos en la ONU , en la Unesco ha empezado una ofensiva estratégica muy importante para reactivar el intercambio entre Perú y Francia, luego del éxito de su gira europea para obtener fondos de ayuda para la mesa de cooperación «se ha descongelado la ayuda para el Perú de los gobiernos europeos, incluyendo el Francés , pero además buscamos atraer al sector privado. Buscamos atraer el turismo hacia nuestro país, se esta desarrollando desde Lima una campaña agresiva y aquí continuamos promocionando a nuestros pintores y artistas.
Elqui Burgos nació en Cajamarca. Llegó a París en el 74. En ese año eran sólo unos 200 peruanos los que vivían en París. Su encuentro con esta ciudad ajena y cautivadora fue estrictamente profesional: perfeccionarse en teoría literaria. Tenía un libro bajo el brazo que acababa de publicar en México: «Cazador de espejismos». Y otro: «Sublimando al impostor». Cuenta que al aterrizar lo primero que hizo fue contactar en los restaurantes universitarios a un puñado de compatriotas. Allí estaban, acaso esperándolo, los mejores exponentes de la literatura de los setentas: Oscar Málaga, Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Patrick Rosas, Alfredo Pita, Jorge Nájar, Tulio Mora, Abelardo Sánchez León... Elqui ya no estaba solo. París le abría los brazos.
En ese entonces era muy fácil hallar un trabajo. Las angustias económicas se solucionaban con rapidez. No se necesitaba visa y se vivía la bonanza europea. Ahora, los que llegan, la pasan negra.Elqui colabora actualmente con Radio France International. Por las noches es cuartelero de un hotel. Este último trabajo le fascina. Y es que allí, a media luz, puede devorar libros. En la mañana regresa a casa y por la tarde recala en «huecos» peruanos para organizar actividades culturales como conferencias, lecturas y más. Posee nacionalidad francesa. Y aunque extraña el Perú, ve lejana la posibilidad de regresar.
»La felicidad es un estado utópico... Uno siempre sueña que estaría mejor en otro lugar, quizás mágico: una playa con mucho sol, una casucha llena de libros... Pero, amigo, ese lugar puede estar en cualquier sitio. En París o en Lima», comenta.
Ha pasado mucho tiempo desde que Elqui se instaló en Francia. Ya no son 200 los peruanos que le hacen compañía. En el 95 la cifra creció a 1,739. Y en el 2000 a 7,988. A estas cifras oficiales hay que aumentar un grueso número -indeterminado- de ilegales que labora a «lo negro». Se calcula que son un 30 por ciento adicional. ¿Vale la pena emigrar? Muchos de los paisanos con los que conversé dicen que sí. El salario mínimo es de 6,500 francos, es decir, unos 900 dólares por una jornada de 35 horas a la semana.
La ciudad luz, del amor y la moda es sinónimo de chamba, pero no necesariamente se cumplen los sueños. Los hombres encuentran un lugar en la albañilería y las mujeres en casas de familia como nanas de niños. Un peruano solo distribuye su ingreso así: 1,000 a 1,500 francos por una habitación pequeña o cuarto de empleada; 1,500 para la comida; 300 para su carta orange o ticket de metro, y una pequeña suma para ropa, lavandería y artículos de aseo. El resto lo envían a la familia en Perú.
La cosa cambia cuando es un matrimonio y tienen hijos. El marido trabaja entre 35 y 40 horas semanales (por regulación ministerial), mientras la mujer lo hace por horas como asistenta del hogar. Gana entre 50 y 70 francos por hora, y en ocasiones puede duplicar el sueldo del esposo laborando más.
El Estado cumple efectivamente su rol asistencial pero no todos pueden acceder a estas ventajas. Lo primero es sacar la carta de residencia. Otro es el caso de las parejas franco peruanas, de aquellos que se casan con un francés o una francesa. Éstos acceden más fácilmente a la carta de residencia. Curioso dato registrado en el Consulado peruano acerca de los profesionales residentes: 29 periodistas, 47 médicos y 82 escritores registrados.Pero París no es una fiesta. Es, al parecer, una nostalgia. Nostalgia de lo que fue entre los 50 y 70 cuando se vivía una bonanza de ensueño y se abrían las puertas a artistas, escritores y aventureros. Es el París que conocieron Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce, Herman Braun Vega, Alberto Quintanilla, Julio Ramón Ribeyro, Gerardo Chávez, Javier Echecopar, y otros como Justo Caballero, periodista fundador de Expreso, conocido por la comunidad como el creador de los vuelos charter para el Perú, en el año 1971, y que ahora es dueño del restaurante peruano «El Picaflor ».
Hay que nombrar también a Carmen Sánchez, militante de la vanguardia sanmarquina, que en un arranque de libertad creativa se vino en barco a París. Su obsesión era estar en mayo del 68 en esta ciudad, y lo logró. Hoy es una reputada comerciante en turismo a través de su agencia Inka Tours. Es dueña de la famosa «Taverna de Carmen» que reúne a decenas de universitarios franceses que se desesperan por nuestra cerveza Cristal.
En París está el Perú. Un Perú minúsculo, pero que late cada día. Todos los domingos se juntan aproximadamente 200 ó 300 compatriotas. Es momento para tomar cerveza peruana, y sobre todo Inca Kola en lata, made in USA. Allí está, por supuesto, el tamal chinchano, la empanada de carne, la papa a la huancaína, el arroz con pollo y el ají de gallina... Para rematar: alfajor y mazamorra morada.
No todo es felicidad. La comunidad peruana en Francia todavía está conmocionada por la muerte de Juan Carlos Luque Apaza, un joven estudiante que falleció víctima del paludismo. Ocurrió el sábado 11 de agosto, 24 horas después de haber llegado del Africa. Gracias a la acción de asociaciones peruanas, y María Elena Guerrero, se logró juntar 10,000 francos para cremar al peruano y enviar sus cenizas al Perú ante la eventualidad de que fuera lanzado a la fosa común. De nada sirvió que se pidiera ayuda al Congreso y a otras autoridades peruanas. A Juan Carlos lo olvidaron. Hechos como éstos hermanan a la colectividad peruana en París.
Alberto de la Borda pasó casi toda su vida en la hacienda familiar de Churrutinas, en Ica. Vivía con sus ocho hermanos y su destino parecía orientado a la agricultura y el boxeo. En 1987 perdió en la semifinal de guantes de oro, y sin embargo estaba feliz. Dice que en el Perú con un poquito de dinero eres feliz. En setiembre de 1996 un problema judicial lo obliga a salir intempestivamente del país. Llega a Marruecos (no era necesario tener una visa), pero su sueño era Londres. Después de mil peripecias logra pasar a España con riesgo de perder la vida. La solidaridad de los emigrantes africanos lo acompañó durante .toda su travesía: se esconde para pasar los controles, finge ser mudo para hacerse pasar por árabe, cruza desagües para atravesar la frontera, le disparan desde ambos lados... De pura casualidad pisa París. De pura casualidad pone los pies en París. La necesidad lo obliga a hacerse arquero del Deportivo Perú. Consigue un trabajo, se casa con una francesa y se queda.En este país la policía te respeta, la gente te mira a los ojos... Aquí, además, sigues siendo la persona que eras en el Perú. Eres don José, don Alberto, don Miguel... Respetan tu chamba, lo que piensas... No es como en los Estados Unidos, donde la policía es abusiva», cuenta. Ahora es chofer. Trabaja de ocho de la mañana a seis de la tarde y se siente ya parte de Francia.Aprendió francés en la calle. Al Perú no piensa volver. Dice que sólo viaja a su tierra por vacaciones. Extraña el calor de la familia, pero ni modo. Pronto traerá a París a un hermano.
Hilda Taki canta huaynos. Y en la fiesta de Los Hijos de la Toma se lució como las mejores. Llegó en el 82 de la comunidad de Lisacia, provincia de San Román, Puno. No hay reunión peruana en la que no aparezca alegre y vital. Comenta que en el Perú le quitaron una beca justamente ganada. ¿Por qué ocurrió aquello? «Por chola», responde. «En el Perú hay mucho racismo contra el indio... Nos tildan de cholos y nos marginan. Yo hablo quechua, aymara, español y francés. Aquí en Francia he sido mejor acogida como mujer y peruana que en mi propio país. Incluso podría decir que aquí tomé conciencia de muchas cosas que no hubieran sido posible allá. Aquí estudié informática y electrónica. Trabajo capacitando personal francés en una gran compañía y trato de estar siempre presente en las fiestas bolivianas y peruanas», explica.
Hilda formó con su esposo francés la agrupación Wayna Taki. Viaja por todo Francia y difunde nuestra música con orgullo. Ha grabado siete discos y su gran ilusión es regresar con su hija al Perú de sus amores.Otra es la historia del periodista norteño Alfonso Mostacero. Vino a París para recoger el cadáver de su hijo. Le dijeron que se moría, pero se salvó. Aquí inició su despegue como escritor. Creó su propia editorial Ayllu y a la fecha lleva cinco libros publicados.
Jorge Espinoza, en cambio, es asilado político. Actual presidente del comité de Perú Posible, Espinoza ingresó en Europa por Alemania, y de allí clandestinamente a París. Era 1990. Huía del terrorismo y de la pobreza. Espinoza se vino tras liquidar su empresa de construcción. «Lo más difícil fue el idioma, tuve que ponerme a estudiar muy fuerte y rápido. A los tres meses entré en una empresa muy grande...», relata. Poco a poco se hizo de un lugar y logró traer a su esposa y a su hija. Posteriormente llegaron sus dos hijas mayores con sus pequeños en brazos. Nunca le falta trabajo. A los 53 años ya decidió quedarse en Francia. Su mujer quiere regresar, pero todavía no lo decide. Extraña Chimbote, su tierra, y la comida peruana.
Luis Gonzales pateaba latas en Lima. Tenía 28 años y estaba harto de los contratos de apenas tres meses. Hoy es albañil en París. Su esposa y tres hijos lo acompañan. Envía un promedio de 500 dólares a su familia en Lima. Acaba de comprar un terreno en Chiclayo y en unos años, no sabe cuántos, volverá.
Jaime Navarrete está encantado con Francia. Y es que este país le salvó a Arturo, su único hijo. A pesar de no haber regularizado su situación legal, la seguridad social le cubrió durante tres años el tratamiento del cáncer que sufría su pequeño. «Creo que en ningún país del mundo lo hubieran curado por nuestra situación de ilegales. No teníamos recursos, pero una vez que se recuperó Arturo pudimos cubrir el 25 por ciento que nos correspondía sin presiones», afirma.
Santiago Zegarra salió del Perú luego de culminar sus estudios de comunicación en la Universidad de Lima. Apasionado por la imagen viene a Francia para cumplir el sueño de conocer París. Acababa de terminar un documental sobre Santiago de Chuco y su proyecto siguiente era César Vallejo. Cuando se le presenta la oportunidad de estudiar en La Sorbona un curso de Artes Visuales, París lo captura con la gran oferta de cine. «Además de la calidad de vida y la libertad creativa que es única, me puse a trabajar duro. Hoy realizo videos sobre artistas plásticos latinoamericanos y no me puedo quejar. Trabajo en el Museo Pompidou», dice con orgullo. Reconoce que no es fácil. París es altamente competitiva. Destacar aquí es un reto. Y Santiago apuesta a arriesgarse, como la mayoría de peruanos que viven en esta ciudad.
“...He llegado a ti como fiel portadora de esta melodía... Melodía sublime que alimenta el alma... Yo quiero escuchar hasta la vejez esta melodía». Lo dice Susana Baca. Quien se presentó en el teatro Trianon. Un concierto de gala que conmovió y encantó a más de mil parisinos. ”A mí me hace muy feliz el hecho de poder ir por el mundo llevando nuestra cultura porque nosotros los negros hemos tenido una cultura un poco oculta... Hemos tenido que ganar nuestro lugar a punta de mucho esfuerzo. Creo que desde mi abuela y mi madre en mí se repite el concepto de que el trabajo es lo único que permite salir adelante. Por eso trabajo mucho con mi equipo. Admiro mucho a los peruanos que salen del país dejándolo todo... Hay que ser valientes, y ellos lo son. Buscar nuevos horizontes para realizarse y crecer como personas y mejorar sus niveles de vida me parece algo digno de aplaudir”. Estos testimonios son una pequeña muestra de lo que piensan, de cómo viven y qué esperan del futuro nuestros compatriotas en un lugar del mundo llamado París.
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