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Betancourt: De heroína a villana

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Juan Carlos Lecompte, ex marido de Ingrid Betancourt, presentó en París “Íngrid y yo, una libertad agridulce”, un libro escrito con amargura, donde pinta a la ex secuestrada como una mujer entregada a un misticismo exacerbado, ambiciosa y sumamente egoísta.

Lecompte negó  haber escrito el libro por despecho, sino para limpiarse el alma y curar sus heridas, dando su punto de vista de cómo viven el secuestro “los que se quedaron aquí” detalló.

"Ingrid me saludó cuando me vio después de seis años de secuestrada, con un ¿Qui’hubo Juanqui?, y un toque de mejilla, como se acaricia a un perro inquieto al que intentas tranquilizar” señaló Lecompte,  por eso manifiesta que escogió la foto de su reencuentro para la cobertura de su libro. Un momento que lo marco profundamente.

“Hable  sólo media hora con ella ese día. Yo quería un encuentro de tres o cuatro horas para saber que pasó, como sucedió. Me decía que me esperara, pero nunca pude hablar con ella una hora en persona”, comentó Lecompte.

“No reconozco más a mi ex esposa. Cuando la oigo hablar me parece otra persona: es egoísta, codiciosa, materialista, venal, obsesiva y desalmada".

Para Lecompte, Ingrid regresó transformada en una mística, “contaba hasta que la virgen se le había aparecido”; “una mística salvo para el dinero”.

“En el mes de julio hablamos esencialmente de cosas materiales. “Vivir en París es caro, Juanqui, me explicaba, y quiero llevar a los niños a las Seychelles”. Para los dos objetivos me pedía 50.000 dólares. Yo ignoraba que sus gastos en Francia los pagaba el Gobierno francés y que finalmente el presidente de Seychelles cubriría sus gastos en la isla.

Le propuse la transferencia inmediata de 30.000 dólares de su premio Roma por la Paz, que había guardado sin tocar. Me sorprendió: “Es muy poco”. Le dije que podía darle otros 10.000 dólares, a condición de vaciar mi cuenta. No se despeinó, los tomó. “Si no tienes más dinero –me dijo, secamente– pide un préstamo”.

“El amor por Íngrid murió para mí hace un año, el 14 de enero de 2009, cuando mi padre murió y no me dio el pésame, sino la demanda de divorcio, me envió el abogado al hospital. Allí cruzó una línea que no debía cruzar”, ese día deje de quererla, relató Lecompte.

El publicista comentó que no se arrepiente de sus seis años destinados a luchar por la liberación de Betancourt, aunque sí admite que debería haberse protegido más, con aspectos como no dejar el trabajo, visto “el resultado final”. “Ella podía morir en la selva, muchos secuestrados murieron en intentos de rescate. Había una pequeña posibilidad de volver a estar juntos, y yo aposté por ello”.

Sobre el papel que desempeñaron tanto la madre como la hermana de Ingrid durante todo el proceso, Lecompte admitió que “nunca, ni antes ni después del secuestro” tuvo una buena relación con ellas.

A un año y medio de su liberación, Ingrid Betancourt parece haber perdido el caudal de simpatía que tenía entre los franceses debido a las revelaciones de algunos de sus compañeros de cautiverio cuando estuvo secuestrada.

Por el momento Betancourt termina su propio libro, “una introspección”, según ella. Y participa del proyecto autobiográfico de un filme que producirá la célebre Kathleen Kennedy, socia de un tal Steven Spielberg. Hasta entonces.

MPG.

 

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